Toma el control junto a tu reumatólogo

Aunque puedas creer que se trata de un trámite más, la visita al reumatólogo, cuando tienes espondilitis anquilosante, es fundamental. No sólo porque es la persona que mejor conoce tu patología, sino porque es una oportunidad para que valoréis juntos si las recomendaciones que te dio desde tu última visita son las adecuadas para tu caso o si hay algo más que podáis hacer juntos para que la espondilitis anquilosante no te limite.

Sin embargo, te habrá ocurrido que cuando llegas a la cita con tu médico, no te acuerdas de qué era lo que te preocupaba hace unos días, no encuentras las palabras para explicar cómo te afectó tal o cual síntoma o, simplemente, hoy te encuentras mejor y ves las cosas de otra manera, por tanto, cuando te pregunta “¿qué tal?”, le respondes que te encuentras bien (aunque hace unas semanas no te podías apenas mover…).

Toma el control junto a tu reumatólogo

Para evitar esto, debes preparar adecuadamente la visita con tu reumatólogo con estas 3 reglas fundamentales: considerar, evaluar y prepararte.

  • Considerar: lleva pensado de antemano las preguntas que le quieres hacer, así no te dejarás nada importante. Además, según vayan pasando los días, irás completando la lista e identificando las que son más o menos importantes.
  • Evaluar: piensa en cómo te sientes, cómo te afecta la espondilitis anquilosante y anótalo. Así no te quedarás sin palabras cuando te pregunte el reumatólogo y tú mismo irás tomando consciencia de que hay días que te sientes mejor o peor y podrás explicarlo así a tu médico.
  • Prepararte: anota los cambios en tu vida, los efectos del tratamiento, los síntomas… La visita con el reumatólogo es breve y si llevas ya toda esta información, será más ágil la consulta y podréis centraros en las recomendaciones y en comentar lo que os preocupa a ambos.

Descarga esta guía para preparar la visita con tu reumatólogo donde podrás anotar todo, para que te sea mucho más sencillo y puedas entregarla a tu médico.

Ten siempre en cuenta que tu médico conoce tu enfermedad, pero quien experimenta los síntomas o se siente de una manera u otra eres tú, y sólo tú lo puedes expresar. Por tanto, la búsqueda de soluciones debe ser conjunta y debes implicarte para conseguir los mejores resultados: tu reumatólogo pondrá a tu disposición sus conocimientos médicos, pero tú debes aportar tu experiencia como paciente.