Gestiona el dolor

El dolor de la espondilitis anquilosante (EA) es “de tipo inflamatorio”.  Suele ser más intenso por la noche y con frecuencia te despierta de madrugada, a las 4 o 5 horas de estar acostado. Al levantarte por la mañana, la rigidez de la espalda es notable y, dependiendo de la persona, tardará más o menos tiempo en disminuir. Esta rigidez matutina mejora con el ejercicio y tiende a reducirse a lo largo del día.

Con el tiempo, si la inflamación si no está bien controlada, puede desencadenar un proceso por el cual las vértebras llegan a fusionarse o soldarse entre sí, haciendo que la columna pierda su flexibilidad.

También es frecuente si tienes EA, que el dolor esté causado por la inflamación de las entesis (la zona en la que los tendones se insertan en el hueso). Aunque existen centenares de entesis en todo el cuerpo, las que se afectan con más frecuencia se localizan en los miembros inferiores, especialmente en la zona del talón, causando inflamación del tendón de Aquiles o en la planta del pie. También pueden inflamarse los ligamentos en la cara anterior de las rodillas, en la unión de las costillas por su parte anterior con el esternón, en la posterior con la columna, o en la zona alrededor de la pelvis.

 

Manejo farmacológico del dolor

Para mantener bajo control el dolor si tienes espondilitis anquilosante (EA), tienes que ajustar las pautas de medicación a cómo te encuentras. Si sabes que el dolor se acentúa con el descanso, puedes probar a tomar la medicación que tu médico te ha prescrito por la noche, antes de acostarte. Si durante el día vuelve a aparecer el dolor y necesitas ‘rescates’ para mantenerlo bajo control, lo ideal es tener analgésicos o antiinflamatorios no esteroides (AINES) para ir alternando su uso.

Es fundamental que indiques siempre a tu reumatólogo los momentos del día en los que tienes dolor para que pueda adaptar la medicación a tus necesidades reales. Tenlo en cuenta cuando prepares la visita con tu reumatólogo.

Los AINES y los corticoides son fármacos muy útiles para reducir el dolor y la inflamación de las articulaciones. Hay AINES que pueden tener un efecto prolongado y que pueden ser positivos para dormir.

Para las personas que, a pesar de probar con varios antiinflamatorios no esteroides, la enfermedad continúa con síntomas y actividad inflamatoria importante, está indicado el tratamiento con terapias biológicas. Estos medicamentos al controlar la inflamación mejoran los síntomas y las complicaciones que causa la espondilitis anquilosante.

Debes tener en cuenta que tomar el tratamiento adecuado para ti, junto las terapias físicas, evita que la enfermedad progrese, lo que te permitirá mantener tu movilidad. Por eso, es fundamental que lleves un control de los síntomas y el dolor que experimentas y en qué partes del cuerpo, para que tu reumatólogo pueda adaptar tu tratamiento a tus necesidades.

Por supuesto, no todas las personas con espondilitis anquilosante requieren el mismo tratamiento: la mejor opción para una persona puede no ser la más adecuada para otra. El reumatólogo es el médico especialista que debe decidir qué terapias son las más adecuadas, pero para eso necesita toda la información disponible, incluida la que le puedas proporcionar.

Si crees que tu espondilitis anquilosante puede no estar bien controlada, porque no te permite hacer tus actividades diarias, no descansas bien o tienes dolor inflamatorio, es importante que hables con él o ella, para adecuar tu tratamiento.

 

Manejo no farmacológico del dolor

Ante el dolor, es posible tomar otras medidas que no pasan únicamente por el tratamiento farmacológico. Existen pequeñas técnicas que te ayudarán a cambiar tu actitud frente a él y a gestionar cómo te sientes cuando aparece.  Son técnicas sencillas que deberás aprender poco a poco e ir incorporando a tu rutina; con entrenamiento se convertirán en un hábito que mejorará tu bienestar.

Te explicamos la técnica de la teoría de la puerta. ¿Qué es la teoría de la puerta? Pues sencillamente, una forma de representar aquellas actividades, actitudes o factores que contribuyen a aumentar el dolor y, por tanto, abren la puerta al dolor; frente a aquellas, que ayudan a disminuirlo, espaciarlo u olvidarnos durante un tiempo de él, es decir, que cierran la puerta al dolor.

¿Cómo funciona? Tu función será observar cuáles son los factores que abren la puerta al dolor y buscar medidas para cerrarla. Los factores que influyen pueden ser físicos, emocionales, cognitivos o ligados a lo que piensas, y sociales.

Por ejemplo, la ansiedad o la depresión contribuyen a empeorar la forma en que afrontas y percibes tu dolor, mientras que la relajación y la positividad te ayudan a abordar el dolor desde una perspectiva más optimista. Igualmente ocurre si mantienes posturas inadecuadas en el plano físico o no tienes una medicación adecuada para controlar tu espondilitis anquilosante. Ambos factores abren la puerta al dolor, por tanto, deberás tratar de mejorar tu postura o hablar con tu reumatólogo para adecuar tu tratamiento y controlar el dolor.

 

Factores que abren la puerta y disminuyen el dolor
Factores físicos Factores emocionales Factores cognitivos Factores sociales
Tensión muscular Ansiedad Centrarse en el dolor Falta de apoyo familiar
Posturas inadecuadas Depresión “Jamás lo voy a superar”

 

Factores que cierran la puerta y disminuyen el dolor
Factores físicos Factores emocionales Factores cognitivos Factores sociales
Medicación Relajación Distraerse Sentirse comprendido por los demás
Nivel de actividad apropiado Alegría Pensamientos positivos

 

Para aprender a cambiar estos aspectos, has de tener en cuenta que lo que piensas influye en lo que sientes y lo que sientes es capaz de cambiar cómo actúas y afrontas la vida y tu espondilitis. Así pues, prueba a trabajar estos factores y aprende a cambiarlos para ser capaz de actuar de forma diferente ante tu dolor.

Ante una determinada situación, lo que pensamos influye directamente en lo que sentimos, y esto hace que nuestra forma de actuar o nuestras acciones sean distintas según nuestros pensamientos y sentimientos.

Novartis

Gestiona tus
pensamientos
y emociones

Aprender a gestionar tus pensamientos y emociones te ayudará a cambiar tu visión de la vida con EA. Puede parecer una tarea complicada, pero es posible aprender a manejar las emociones y los pensamientos con una serie de estrategias sencillas.

Piensas Actúas Podrías pensar Podrías actuar
Nadie entiende mi situación Me meto en la cama Tengo que intentarlo Vuelvo a lo que estaba haciendo
Los medicamentos no me hacen efecto Me agobio No puedo dejar que esto me hunda Me relajo
La enfermedad está empeorando Dejo a un lado mi vida social Ya lo he conseguido antes Haré ejercicio regularmente para que me ayude
Novartis

 

En resumen, el dolor depende de cómo lo afrontemos. Si eres capaz de pensar en positivo, volcar tu atención en actividades que te aporten felicidad, en no negarte a realizar actividades sociales porque tengas dolor, tendrás mucho camino ganado.

El dolor muchas veces amplifica las emociones o se mezcla con ellas. Por eso, para comprender mejor qué te pasa, es importante conocer cuáles son esas emociones. Una vez que hayas identificado las emociones, será más fácil distanciarte de ellas y cambiarlas.

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