Cuando tienes espondilitis anquilosante hay muchas cosas que no puedes cambiar, pero hay una que sí que puedes mejorar y que está en tu mano darle la vuelta para aprovecharla al máximo. Es la visita al reumatólogo.

La visita al reumatólogo es corta y la tienes generalmente 3 o 4 veces al año, como mucho. En ese corto espacio de tiempo, tienes que ser capaz de poder expresar todo lo que te ha pasado y no dejarte nada. Si has tenido cuatro brotes durante dos meses el reumatólogo debe saberlo. Necesita tener una visión global de todo ese tiempo.

Es interesante tener un documento preparado con información como la intensidad del dolor, la limitación que te produce, la rigidez, la fatiga; cómo ha sido desde la última visita, si te ha sentado mal algún tratamiento, si tienes algún problema de salud nuevo o cambios de medicación que tu reumatólogo no conozca.

También es importante que el reumatólogo sepa si ha cambiado algo importante en tu vida: si has cambiado de trabajo, si haces alguna actividad física nueva… Todo lo que pueda influir en tu estado de salud.

También es fundamental que lleves anotadas todas las dudas que tengas y si hay algún aspecto de la enfermedad o del tratamiento que no entiendes. Que estés seguro y tengas todo el tratamiento claro es muy importante.

Para que seas capaz de ordenar toda esta información y no dejarte nada, puedes descargar este cuestionario y rellenarlo para la siguiente visita a tu reumatólogo.

Para empezar con la actividad física, es importante que definas tus objetivos y hagas un seguimiento de la consecución de los mismos. Así que, en primer lugar, elige la actividad, junto con tu médico y, si puedes, junto con un profesional fisioterapeuta o experto en rehabilitación que supervise tu trabajo.

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