La comorbilidad es un término que se utiliza para definir algunos trastornos o enfermedades que se presentan junto a la enfermedad principal y que por lo general están relacionadas.

Cuando hablamos de espondiloartritis axial, las comorbilidades son enfermedades que se asocian a la enfermedad principal, en este caso, la EspAax. 

 

¿Cuáles son las comorbilidades asociadas a la espondiloartritis axial?

  • Aumento del riesgo cardiovascular. Las personas con EspAax tienen mayor riesgo de sufrir sobrepeso, de tener colesterol alto, dislipemias, de que aumente su tensión arterial o los niveles de glucosa en sangre.

Esto se debe a la inflamación de otros tejidos del cuerpo, que se añade a la inflamación provocada por la patología primaria, y que puede producir daños adicionales.

 

  • Esteatosis hepática. También conocido como hígado graso, este trastorno se origina por la acumulación de grasa en el hígado. 

Esta acumulación, junto con la inflamación del propio órgano, provocan esta enfermedad producida por malos hábitos de vida, como el consumo excesivo de alcohol, dietas poco saludables, estilos de vida pasivos o sedentarios, entre otros.

 

  • Trastornos emocionales. Como ya comentamos en nuestro apartado donde hablamos del impacto emocional de la EspAax, las personas que conviven con la patología tienen más dificultades para mantenerse estables emocionalmente. 

Muchos de los pacientes luchan cada día contra la depresión o la ansiedad, sensaciones generadas por las limitaciones que la patología va colocando en su camino.

 

  • Uveítis. Sucede cuando se produce inflamación en los ojos, generando dolores y rojez en estos. Es uno de los trastornos más frecuentes de la espondiloartritis axial fuera de las zonas de inflamación frecuentes de la patología.

 

  • Psoriasis cutánea. Lo que se produce en este caso es el enrojecimiento y la escamación de la piel, que aparece mayormente en codos y rodillas, pero puede presentarse en cualquier zona de nuestro cuerpo. 

 

Recuerda que siguiendo el tratamiento prescrito por tu médico y siguiendo unos hábitos de vida saludables, puedes conseguir minimizar tanto los síntomas principales de la patología, como los efectos o trastornos secundarios que esta puede causar.

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